Parece ser que he quedado tan absorvida por la vida matrimonial que no me he dignado a reportar los grandes acontecimientos de los últimos seis meses.
Pasó la boda…. No fue como había soñado, porque nunca soñé en casarme. No fue como lo había organizado, porque siempre hay cosas que te fastidian tanta preparación. Pero una cosa que creí que iba a ser más superficial, un evento, sólo para pasar el “expediente familiar”, se convirtió en una emotividad más cercana a las pelis de Disney que a mi propia vida.
Estaban todos, aunque no todos los que hubiera querido que estuvieran… pero pasó… pasaron los trescientos invitados uno a uno por mi lado a saludarme… pasaron los minutos entre risas, cabreos, lágrimas, música, regalos y gente guapa, muy guapa.
Este fue el verdadero inicio de mi vida junto a él. De mi nueva vida como mujer casada.

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